Periódico ABC

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  1. Joana Pastrana, Vanessa de Velasco y Ana Betegón son algunas de las españolas que desempeñan su profesión en campos tradicionalmente masculinos como el boxeo, la aviación o el Ejército. Para llegar al nivel que han alcanzado no existen fórmulas mágicas. La clave, como alguna de ellas ha comentado, es «trabajar duro y marcarse un objetivo claro». Las tres compartirán sus vivencias, junto con casi un centenar de ponentes nacionales e internacionales, en Santander WomenNOW Summit (28, 29 y 30 de marzo), el congreso organizado por Taller de Editores-Vocento para compartir experiencias, cambiar o crear opiniones y analizar tendencias y que convertirá Madrid en la gran capital europea de la mujer. Ninguna de las tres lo ha tenido fácil al apostar por carreras donde hay más hombres que mujeres. En el caso de Vanessa de Velasco, piloto de líneas aéreas, desempeña su trabajo en un entorno donde sólo el 3,5% de los pilotos españoles son mujeres. Además, según datos del Sindicado Español de Pilotos de Líneas Aéreas (Sepla), únicamente 200 mujeres están afiliadas frente a más de 5.000 hombres. De Velasco es también directora de Aviadoras, el primer y único movimiento en España de mujeres piloto, un proyecto que «nace para dar visibilidad a nuestra profesión y para que las futuras generaciones vean con normalidad encontrar fotos de mujeres colgadas por las paredes de nuestra casa junto a las de sus compañeros hombres», explica. Sectores masculinos Aviadoras quiere dar voz a todas la mujeres que se dedican a esta profesión y difundir referentes femeninos en el mundo de la aeronáutica con ejemplos que sirvan de inspiración a otras mujeres, como Bettina Kadner, la primera piloto comercial de España o Amparo Pagés, primera mujer en pilotar un helicóptero. En este grupo de mujeres que trabajan en sectores predominantemente masculinos, se encuentra también Ana Betegón, coronel del Ejército del Aire. Dirige desde enero de este año el Hospital General de la Defensa en Zaragoza y es la primera mujer en hacerlo en sus más de 200 años de historia. Médico militar, estudió para ser forense pero cuando el Ejército se abrió a las mujeres vio su oportunidad. Un proceso de apertura que se ha llevado a cabo de manera progresiva y escalonada tras la publicación del Real Decreto-Ley 1/88, que reguló la incorporación de la mujer a las Fuerzas Armadas. Esta norma se completó con la Ley 17/99 que modificaba las condiciones de acceso de la mujer a militar profesional de tropa y marinería de las Fuerzas Armadas, ampliando su incorporación a todos los cuerpos y escalas de los tres ejércitos y permitiendo su integración «en un plano de igualdad con los sistemas de incorporación de los hombres». La coronel Betegón, que ha recibido numerosas condecoraciones a lo largo de su carrera (dos Cruces del Mérito Militar con distintivo Blanco, dos Cruces del Mérito Aeronáutico o el Distintivo de Mérito de Operaciones de Mantenimiento de Paz, entre otras), ha participado en diferentes misiones de paz en países como Afganistán o Kirguizistán. Rompiendo barreras Y otro sector con escasa presencia femenina es el boxeo. Joana Pastrana es tricampeona del mundo (IBF) y bicampeona de Europa (EB) y continúa así la estela que inició en su día María Jesús Rosa, primera española en ser campeona del mundo de boxeo. Pastrana, que ha conseguido que sus logros profesionales tengan casi la misma difusión en los medios de comunicación que los de cualquier hombre, considera que «hay que hacer todo lo que esté en nuestras manos para que las niñas sepan que pueden alcanzar sus metas». Estas mujeres que rompen barreras compartirán sus experiencias en una de las mesas de debate junto a la primera directora de comunicación del CNI, Sonia Sánchez Mula, y Marisol Soengas, jefa del grupo de Melanoma del CNIO. La mesa estará moderada por Gabriela Uriarte, directora adjunta de Formación de la CEOE y directora del Proyecto Promociona. Santander WomenNOW Summit cuenta con el apoyo de importantes socios que se han sumado al Banco Santander, ‘global partner’ de este encuentro. Entre otros, los patrocinadores oficiales, Reale Seguros y la Comunidad de Madrid, pero también compañías como L’Oréal, Iberia, Accenture o Samsung y Giorgio Armani y el respaldo de otras instituciones como la Comisión Europea, el Parlamento Europeo, el Ayuntamiento de Madrid o el Gobierno de España. Además, expertos de la cátedra Unesco Red Unitwin en Políticas de Género e Igualdad entre Mujeres y Hombres de la Universidad Autónoma de Madrid y de diferentes embajadas en España y asociaciones con amplia representación en el mundo de la mujer han querido aportar su conocimiento de las diferentes cuestiones: FEDEPE, WomenCEO, el proyecto Promociona, EJE&CON, las fundaciones Integra y Ana Bella o Ellevate Network, entre otras.
  2. Los legisladores estadounidenses se aprestan de nuevo a debatir sobre el presupuesto público para I+D. La administración Trump pretende reducir el gasto público en casi todos los programas científicos, lo que ha de impactar en la investigación en salud, energía, medio ambiente, espacio, etc., y sobre todo en ciencias básicas. Con una inversión en Ciencia y Tecnología próxima al 2,75% del PIB los Estados Unidos constituyen una referencia mundial. No solo por su repercusión en todo el mundo, sino porque el gasto público moviliza inversión privada en ese país llegando casi a cuadruplicar el esfuerzo total. La resistencia en las cámaras norteamericanas puede paliar el pretendido recorte. Para España es importante señalar que la política científica de un país no puede consistir sólo en formular un presupuesto público suficiente, lo más elevado posible. Igualmente importante es administrarlo de forma que contribuya a generar mucha más inversión. Nuestras cifras lo dicen todo, invertimos solamente el 1,2% del PIB y algo más de la mitad es presupuesto público, además en claro descenso desde 2008. La contribución privada no llega ni a la mitad con un descenso aún mayor. Tenemos por delante un camino de reformas cada vez más urgentes, nuestro sistema de Ciencia y Tecnología tiene muchas más posibilidades de lo que muchos piensan. Tenemos personal formado en nuestras universidades y centros de investigación, capaz a su vez de formar científicos y tecnólogos, en cantidades que no podemos absorber. A pesar de estar necesitado de un aumento, nuestro presupuesto público de I+D per cápita, algo menos de la mitad que el de Estados Unidos, podría alcanzar sus niveles si los gestores públicos fueran clarividentes. Pero ello no basta porque movilizar el trabajo científico-técnico de las empresas y sectores sociales es el verdadero reto. Resulta esperanzador que en los programas científicos de la UE nuestros mejores resultados se deban a proyectos de pymes. Nos jugamos el futuro en las próximas elecciones pero el debate sobre cuestiones de Estado, como la Educación o la Ciencia, debería plantearse con lucidez.
  3. Llega la primavera... y un nuevo cambio de hora, que dará inicio al horario de verano. ¿Cuándo? Durante la madrugada del sábado 30 al domingo 31 de marzo de 2019 a las 2 de la madrugada pasarán a ser las 3. Este cambio, que se produce dos veces al año (el último domingo de marzo y el último de octubre), afecta a todos los países de la Unión Europea. La medida tiene una gran razón: aprovechar de manera más eficiente las horas de luz solar, con el consiguiente ahorro de energía. Esto también tiene implicaciones en nuestro organismo, ya que necesita algo de tiempo para adaptarse. Este cambio de hora primavera - verano implica más horas de luz al día, algo que beneficia a lo que solemos conocer como ocio y tiempo libre. Si nos fijamos en la historia, adelantar la hora tiene su origen en la Primera Guerra Mundial: se hizo para mantener abiertas las fábricas una hora más. Este hecho, precisamente, es en el que se basan los defensores del adelanto, ya que el comercio sale beneficiado al abarcar más horas de luz. No obstante, en los últimos meses el cambio de horario 2019 ha generado un gran debate a nivel europeo, votación incluida, y que concluía con que cada país debe decidir si quiere quedarse con la hora de invierno o de verano.
  4. La cultura de la vida no pasa de moda. Miles de personas se enfundaron este domingo en su camiseta verde de «Sí a la vida» y salieron a las calles de Madrid para reclamar una legislación que «defienda la vida sin fisuras». Todos eran ciudadanos de a pie. Jóvenes, familias con hijos pequeños, abuelos. «Venimos todos los años para defender la vida en cualquier circunstancia. Pedimos que las leyes que rijan nuestro país sean valientes y defiendan nuestro valor fundamental que es la vida», aseguró Nieves, que había acudido a la cita con su marido, y sus cuatro hijos. El grupo más numeroso, sin embargo, eran los jóvenes. Muchos de ellos estaban como voluntarios en la organización de esta gran cita anual, que se celebra con motivo del Día Internacional de la Vida, el 25 de marzo. Era el caso de Luis, Paco, Paloma, Pilar y Mercedes, un grupo de estudiantes universitarios. «No hay un ambiente muy pro vida entre los jóvenes. Vamos un poco a contracorriente pero cada vez somos más», subrayó Mercedes. Para Clara, de 18 años, era la primera vez en esta manifestación a la que acudió con su grupo de amigos para «concienciar a la gente de lo importante que es la vida». Por su parte, Claudia asistió con sus ocho hijos para «demostrar que no hay que tener miedo a la vida». «La vida es igual a esperanza y un país sin niños está abocado a desaparecer», avisó. Sobre el escenario de la gran fiesta por la vida se sucedieron los testimonios. Algunos fueron muy emocionantes como el de Mariana y José Luis, padres de mellizos con síndrome de Down. «Evidentemente tener dos hijos con síndrome de Down es algo que no te esperas, pero el que tengan un cromosoma de más no hace que les queramos menos», aseguró esta joven madre con uno de sus hijos en brazo. A continuación Paula una pequeña de cinco años se subió al escenario para robar el corazón a todos los presentes. Su madre la tuvo con apenas 19 años. No fue un embarazo previsto pero gracias al apoyo de su familia decidió seguir adelante. «Ser madre supuso un cambio radical en mi vida, pero ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida», aseguró Ana, junto a su pequeña hija, que animó a todos varias veces a gritar «Sí a la vida».
  5. La mayoría de los robots son máquinas complejas diseñadas para cumplir con tareas concretas, que fallan cuando sus componentes dejan de funcionar. Pero hay científicos trabajando en algo muy distinto: un robot colectivo formado por miles de millones de nanomáquinas, capaces de replicarse y de funcionar de forma autónoma, incluso cuando miles de ellas dejan de funcionar. Para los aficionados a la ciencia ficción más fatalistas esto es lo que podría llevar a la «plaga gris», un apocalíptico futuro en el que las nanomáquinas «deciden» autorreplicarse y devorar para ello toda máquina o ser vivo que encuentran a su paso. Un grupo de investigadores del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), y de las universidades de Cornell, Columbia y Harvard, acaban de presentar un estudio en Nature donde han demostrado, por primera vez, cómo hacer un robot compuesto por multitud de componentes o partículas, cada una de las cuales carece de una identidad o programación particular. Por separado, cada una de estas partículas es capaz de contraerse o dilatarse, pero, en conjunto, le permiten a la entidad robótica desplazarse hacia la luz, incluso cuando el 20 % de las partículas están averiadas. «Puedes pensar en nuestro robot como la famosa "plaga gris"», ha dicho en un comunicado Hod Lipson, codirector de la investigación junto a Daniela Rus. «Nuestro robot no tiene ningún punto crítico donde pueda fallar, ni ningún control centralizado. Aún es bastante primitivo, pero ahora sabemos que este modelo general de robot es posible». Partículas robóticas La clave está en la «partícula» o «célula», un robot con forma de disco que apenas mide 15 centímetros de diámetro. Todos ellos pueden unirse entre sí por medio de débiles imanes y solo son capaces de hacer dos acciones: contraerse y expandirse. Las partículas están formadas por una base cilíndrica y cuentan con una batería, un pequeño motor, sensores de luz, un microcontrolador y un componente de comunicación. Encima del conjunto está montada una versión modificada de un juguete infantil llamado «Anillo volador de Hoberman», que es básicamente un platillo que puede extenderse y contraerse, gracias a una ingeniosa estructura de paneles de plástico. Pero cuando estas células o partículas robóticas se unen, ocurren cosas muy interesantes. Gracias a los sensores y a un algoritmo, los investigadores han logrado que la intensidad de luz module la frecuencia de contracción de estas células. Así han conseguido que el grupo se mueva hacia la luz, sin ningún tipo de coordinación central ni ninguna programación específica. El movimiento sencillamente emerge de la forma como estas pequeñas máquinas interaccionan. Es algo muy similar a los procesos que regulan el movimiento de colonias de insectos o grupos de células. La fuerza del colectivo «Tenemos pequeñas células robóticas, que no son muy capaces como individuos, pero que pueden conseguir muchas cosas en grupo», ha dicho en un comunicado Daniela Rus, investigadora en el MIT. «Cada robot, por sí mismo, es estático, pero cuando se conecta a otras partículas robóticas, de repente el colectivo robótico puede explorar el mundo y llevar a cabo acciones más complejas. Con estas células universales, los robots particulados pueden adoptar distintas formas, transformarse de forma global, moverse en conjunto, adoptar un mismo comportamiento y, como hemos mostrado, seguir gradientes de luz. Esto es muy poderoso». El truco para lograr todo esto fue programar cada robot para que se expandiera y contrajera con una sincronización adecuada para que el grupo se moviera en una dirección. Para ello, cada partícula fue equipada con un algoritmo capaz de procesar la información sobre intensidad de luz enviada por las otras partículas vecinas. Por ejemplo, las células robóticas que están más cerca de la fuente de luz detectan una intensidad de 10, y, las que están más lejos, de 1. Ambas transmiten esa información a las otras células. Ahora bien, cada nivel de intensidad, junto con la información procedente de las vecinas, se traduce en una frecuencia específica de expansión-contracción. Las que captan más intensidad lumínica se expanden y contraen más rápidamente que las que están más lejos. Así, se logra una onda de contracción relacionada con la distancia a la fuente de luz que acaba acercando al colectivo hacia la bombilla. Robots adaptables Aunque el movimiento logrado hasta ahora es muy lento, su ventaja es que las máquinas pueden moverse por cualquier entorno desconocido, sin necesidad de tener que plantear ninguna estrategia. Tampoco es necesario formar ninguna estructura concreta con estos grupos de robots. De hecho, estos colectivos pueden moverse sin importar la formación que adopten, y se ha observado que las máquinas pueden esquivar obstáculos con facilidad. Incluso, pueden introducirse por pasos etrechos y desplazar objetos colocados dentro de sus grupos. Por el momento, los investigadores han hecho pruebas con dos docenas de estas máquinas. Pero, aparte de eso, han hecho un modelo para averiguar qué ocurriría si trabajasen con grupos de 100, 1.000 o 100.000 de estas «partículas», y han concluido que, en teoría, también serían capaces de moverse hacia una fuente de luz. Además, han concluido que estas máquinas seguirían funcionando incluso cuando el 20 por ciento de las partículas dejasen de estar operativas. Esto es muy interesante, porque implica que los robots serían lo suficientemente flexibles como para seguir en funcionamiento incluso si fallasen algunos componentes. Vasto en complejidad, hecho de partes simples «Hemos estado replanteándonos de forma fundamental nuestra aproximación a la robótica, y tratando de descubrir si hay una forma distinta de hacer robots», ha explicado Hod Lipson. «No solo queremos hacer un robot que se parezca a una criatura biológica, sino construir uno como si realmente fuera un sistema biológico, crear algo vasto en complejidad y habilidades, pero que está compuesto de partes fundamentalmente simples». Según Daniela Rus, el mundo natural está lleno de ejemplos comparables: «Todas las criaturas de la naturaleza están hechas de células que se combinan de diferente forma para hacer organismos. En el desarrollo de robots de partículas, la pregunta que nos hacemos es: ¿podemos tener celulas robóticas que se combinen de distintas formas para hacer diferentes robots?». ¿Hasta dónde podría llevarnos esto? En opinión de Daniela Rus, se podría aprovechar las partículas para diseñar robots a medida de tareas concretas, como desplazarse por un túnel o coger utensilios. «Incluso, podríamos darle a estas partículas robóticas la habilidad de fabricarse a sí mismos. Supongamos, por ejemplo, que un robot necesita una destornillador de una mesa y que está muy lejos. ¿Qué pasaría si el robot pudiera colocar sus células para hacer crecer un brazo extra? ¿O si, a medida que cambian sus objetivos, cambiase también su cuerpo?». Por el momento, estos proyectos están dando sus primeros pasos. Lo próximo para estos investigadores será hacer pruebas reales con robots formados por un número mayor de partículas. Además, ya están explorando otras formas para estas células, como microesferas vibradoras. «Creemos que algún día será posible fabricar este tipo de robots a partir de millones de pequeñas partículas, como microperlas que responden al sonido, la luz o un gradiente químico», según Lipson. «Estos robots podrían ser usados para limpiar zonas o explorar terrenos o estructuras desconocidos». ¿Podrían acabar provocando una temida «plaga gris» o sencillamente facilitarían la vida del ser humano?
  6. Como es bien conocido, el origen de las matemáticas está en la geometría pues los números surgieron para representar de forma simbólica magnitudes geométricas. Y uno de los primeros problemas clásicos de la geometría era el de la cuadratura del círculo: ¿cuáles debían ser las dimensiones de un cuadrado y cómo construirlo de modo que tuviera la misma área que un círculo dado? Otros problemas de cuadratura han sido muy populares, aunque algunos más sencillos que otros: el teorema de Pitágoras resuelve el problema de saber cuál es el cuadrado cuya área es la suma de las áreas de otros dos cuadrados, ya que se trata precisamente de aquel cuyo lado corresponde a la hipotenusa del triángulo rectángulo de lados las dimensiones de los otros dos cuadrados. De esta forma, ya sabemos que, a veces, el cuadrado de un número es igual a la suma de los cuadrados de otros dos números. Menos conocido es otro problema muy popular entre los geómetras de la antigüedad. Es muy sencillo comprobar que no todo número natural se puede expresar como suma de dos cuadrados pues hay multitud de ejemplos que lo demuestran. Por otra parte, también es sencillo probar que todo número natural se puede escribir como suma de varios cuadrados. Veamos por ejemplo cómo escribir los primeros números: 1 = 1²2 = 1² + 1²3 = 1² + 1² + 1²4 = 2²5 = 2² + 1²6 = 2² + 1² + 1²7 = 2² + 1² +1² + 1²… Surgen así dos cuestiones: ¿qué tienen de especial los números que pueden escribirse como suma de dos cuadrados? y ¿cuál es la menor cantidad de cuadrados, si la hay, que hace falta para descomponer cualquier número natural? Es bien sabido que el jurista francés Pierre de Fermat estaba muy interesado en este tipo de problemas de teoría de números desde que cayó en sus manos la traducción realizada por Claude Gaspard Bachet del libro Arithmetica escrito por Diofanto de Alejandría en el siglo III. El 25 de diciembre de 1640, Fermat escribió una carta a Gilles de Roberval, en la que le comunicaba lo que hoy conocemos como el teorema de Navidad de Fermat: «Para que un número entero n se pueda representar como suma de dos cuadrados es necesario que, después de dividirlo por el mayor cuadrado que lo tenga como factor, no se pueda dividir por un número primo de la forma 4k –1. Os confieso con franqueza que nunca he encontrado en la teoría de los números nada que me haya complacido tanto como la demostración de esta proposición y me gustaría que os tomaseis el esfuerzo de probarla, solo por saber si estoy estimando mi invención en más de lo que vale». Una formulación más actual del teorema sería esta: «Un número natural se puede representar como suma de los cuadrados de dos números enteros si, en su descomposición en factores primos, los primos de la forma 4k - 1 (caso de existir) tienen exponente par». Resulta que esta condición es también suficiente y Fermat aseguró también que la descomposición es única. Fiel a su mala costumbre, no dio la demostración y fue Leonhard Euler el primero en publicar una prueba concluyente un siglo después. En particular, Fermat afirmaba que, si un número primo es de la forma p = 4k + 1, entonces se puede descomponer de forma única como suma de dos cuadrados y, en caso contrario, no se puede (salvo el 2, claro). Así pues, la descomposición es posible para los primos 5, 13, 17, 29, … pero no lo es para los primos 7, 11, 19, 23, 31, … El año más próximo que corresponderá a un número primo “válido” es 2029. ¿Serías capaz de escribirlo como suma de dos cuadrados? Con respecto a la segunda pregunta, el propio Diofanto pensaba que cualquier número natural podía descomponerse en suma de, como máximo, cuatro cuadrados. Aquí, Fermat no se atrevió a asegurar que tenía la demostración pero, en 1770, Joseph-Louis Lagrange demostró finalmente que la conjetura de Diofanto era cierta. Lo que no dice el teorema es la forma de conseguir la descomposición de cualquier número: el año en curso tiene una descomposición sencilla: 2019 = 44² + 9² + 1² + 1². Ahora ya no es posible asegurar la unicidad. De hecho, en nuestro ejemplo tenemos estas otras descomposiciones: 2019 = 43² + 13² + 1² = 41² + 17² + 7² = 40² + 19² + 7² + 3² = …, pero también se conoce la fórmula que proporciona la cantidad total de formas en que un número puede descomponerse como suma de cuatro cuadrados, la cual fue descubierta por Carl Jacobi en 1834. Según su fórmula, el 2019 se puede descomponer de 21.568 maneras como suma de cuatro cuadrados (aunque se cuentan también las distintas permutaciones y la posibilidad de utilizar números negativos). Como el lector habitual a esta sección ya comprenderá, la comunidad matemática no se conforma con dar respuestas: siempre busca otras preguntas y se enfrenta a nuevos retos. En este caso, Adrien-Marie Legendre respondió a la cuestión de caracterizar los números que se pueden descomponer como suma de tres cuadrados y, en 1798, demostró que, si un número natural no es de la forma 4^k · (8m + 7), es decir, no es el producto de una potencia de cuatro por un número que es siete unidades mayor que un múltiplo de ocho, entonces puede expresarse como suma de los cuadrados de tres números naturales. Al igual que Fermat se propuso extender el teorema de Pitágoras a potencias de orden superior a dos, con las consecuencias ya conocidas, poco después de que Lagrange demostrara su teorema, Edward Waring se preguntó qué pasaría si se pretende descomponer un número como suma de potencias de orden superior. Por ejemplo, cuál es el menor número de cubos, si existe, que son necesarios para descomponer cualquier número. Enseguida se dio cuenta de que el número no sería pequeño pues 23 = 2³ + 2³ + 1³ + 1³ + 1³ + 1³ + 1³ + 1³ + 1³ . ¡Al menos hacen falta 9 sumandos! ¡Y con números muy pequeños! Cargado de optimismo, Waring conjeturó que nueve cubos serían suficientes para cualquier número y que 19 sumandos bastarían para descomponer cualquier número en suma de potencias cuartas. Las demostraciones rigurosas tardaron en llegar pero Arthur Wieferich logró la primera parte en 1909 y Ramachandran Balasubramanian, Francois Dress y Jean Marc Deshouillers probaron la segunda afirmación de Waring en 1986. Ya previamente, David Hilbert demostró que siempre habría una cota superior para el número de potencias de cualquier orden necesarias para descomponer cualquier número. De momento, hay una fórmula tentativa para el caso general, que ya ha sido comprobada para todas las potencias de orden hasta 471.600.000, conjeturada en 1936. Los primeros valores se encuentran en la fantástica “On-line enciclopedia of integer sequences”, bajo el epígrafe A002804. Es una guerra sin cuartel: el problema parece resuelto pero la demostración completa parece lejana. ¿Los futuros ordenadores lograrán encontrar algún valor para el cual la fórmula es incorrecta? ¿Harán falta técnicas novedosas para conseguir probar que la fórmula es correcta? Pedro Alegría es profesor de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea y miembro de la comisión de divulgación de la RSME. El ABCdario de las Matemáticas es una sección que surge de la colaboración con la Comisión de Divulgación de la Real Sociedad Matemática Española (RSME).
  7. Hisense es una marca china que estás harto de ver en todos los centros comerciales, principalmente por sus televisores. Pero la realidad es que, paso a paso, de manera firme, la compañía se está ganando un hueco en el sector de los «smartphones». La gama media es su área de actuación y Hisense ya se ha ganado un lugar destacado. Hisense Infinity 12 es un terminal que, siendo sincera, me ha sorprendido para bien. Hay muchos «smartphones» en el rango de los 200-300 euros y diferenciarse no es fácil. Pero creo que este terminal, cuyo precio es de 259 euros, cuenta con características que conseguirán atraer un usuario medio que busque un precio asequible en un móvil que combine «lo viejo» con «lo nuevo». Y con esto, ¿a qué me refiero? Vamos a ello. Para empezar, el Hisense Infinity 12 ofrece un diseño «premium». Evidentemente, no estamos hablando de un terminal con dichas características, pero tampoco estamos ante un «smartphone» de plástico o rudo. Combina el aluminio con una elegante trasera de cristal en tonos rosas (también lo hay en negro y azul) muy suave al tacto y nada resbaladiza, que podemos proteger con la funda de plástico que incluye en su caja. Todo un detalle por parte de la compañía, que también te obsequia con una pequeña gamuza para que la pantalla luzca siempre perfecta y un protector para la misma. El terminal, que pesa solo 155 gr., cuenta con una pantalla de 6.19 pulgadas con una resolución HD+ de 1500 × 720 píxeles. Hablamos, sin duda, de un buen panel con efecto de pantalla infinita en el que destaca un gran «notch», donde se encuentra la cámara y el altavoz. Si bien es verdad que esta popular ceja tiende a ser cada vez menor, o incluso hay fabricantes que ya optan porque desaparezca (los terminales más nuevos), el panel es lo suficientemente grande como para que no incomode. Pero eso es cuestión de gustos. Falla, sin embargo, el brillo automático en el exterior. En condiciones de alta luminosidad, hay veces que cuesta ver con claridad la pantalla. Por ejemplo, al hacer una foto o acceder al menú. Sí funciona a la perfección el desbloqueo facial (muy rápido, por cierto), así como el sensor de huellas, que se sitúa en la parte trasera del terminal. En la parte inferior está el micrófono, el altavoz y la entrada tipo USB-C. Ya sabéis que este es el último tipo de conexión que están incluyendo todos los terminales y que permite, entre otras cosas, una carga o transferencia de datos mucho más rápida. Pero, además, para los más nostálgicos, el Hisense Infinity 12 no trae puerto «jack» para los auriculares. Por suerte, incluye (sin que lo tengas que comprar aparte, como sucede con otras marcas), el adaptador para que puedas escuchar música con los auriculares que también vienen en la caja. Por cierto, muy similares a los EarPods de Apple. Se adaptan perfectamente y ofrecen un sonido decente. En el lado izquierdo, el terminal cuenta con el botón que permite el acceso rápido a Google Assistant, muy útil, y la ranura para las tarjetas. En el derecho, los tradicionales botones de volumen y encendido/apagado. Y en la zona superior, otro micrófono. Fotografía Con respecto a sus capacidades fotográficas, el Hisense Infinity 12 monta una doble cámara trasera de 12 Mpx con apertura ƒ/1.8 y otra de 5 Mpx con flash LED para las tomas nocturnas. Además, capta imágenes con efecto «bokeh» y graba vídeo a 1080p y 30 FPS. La delantera, de 16 Mpx y apertura ƒ/2.0 con flash, tiene luz «selfie» para que nada falle. También graba vídeo a 1080p y 30 FPS. Lo mejor es su Inteligencia Artificial que te permite elegir entre las escenas que tiene predeterminados: retrato, playa, nieve, amanecer… Los 120 escenarios que ofrece resultan de gran ayuda para quienes no son muy duchos en hacer fotografías. En condiciones de buena luminosidad, las fotografías que capta el Hisense Infinity 12 son buenas. El tan demandado modo belleza, el efecto «bokeh» o el HDR ayudan, además, a conseguir unas buenas instantáneas. Resultado óptimo Con respecto al rendimiento, destaca su potente batería de 3.500 mAh, que a mi me ha durado día y medio en alguna ocasión. Claro que estos datos son siempre relativos porque depende del uso que le demos al terminal. Pero hay que tener en cuenta que el Hisense Infinity 12 no es un «smartphone» para «gamers», por lo que su autonomía promete para quien busque un terminal que no quiera cargarlo a diario. Sí puede usarse para juegos (de hecho vienen algunos preinstalados), o para ver series, poniendo a prueba una pantalla que ofrece una resolución y sonido muy decente. En estos casos, la batería se nota. Y tarda en cargarse algo más de dos horas. Cabe reseñar que no tiene sistema de carga rápida. Y tampoco es un «smartphone» para «gamers» porque tiene 4GB de RAM y 32 GB de memoria interna ampliable con micro SD hasta 160 GB. Estas característica han de tenerse muy en cuenta porque para una parte de usuarios serán insuficientes. Para otros no. Sucede lo mismo con el procesador que monta: un Qualcomm Snapdragon 450 de ocho núcleos. Si bien es verdad que no incorpora un chip de última generación ni tiene unas altas prestaciones, el rendimiento del Hisense Infinity 12 está asegurado para un usuario poco exigente, que busque un terminal resolutivo pero sencillo a la vez que moderno en cuanto a diseño y determinadas prestaciones (como el desbloqueo facial, Google Asistant o las opciones de cámara). Funciona sobre Android Oreo.
  8. La falta de una escalera adecuada para que los reyes bajen del avión en el que han llegado a Buenos Aires en visita oficial está demorando que puedan bajar del aparato para ser recibidos por las autoridades que les esperan en pista. El avión Airbus 310 de la Fuerza Aérea Española en el que viajaron Felipe VI y doña Letizia aterrizó poco antes de las 21:00 horas (00:00 GMT) en el aeroparque metropolitano bonaerense Jorge Newbery. El aparato rodó por la pista hasta el lugar en el que sus ocupantes tenían que descender, y hasta la puerta del avión se acercó una escalera de bajada. Sin embargo, la escalera no alcanzaba la altura de la puerta y fue retirada del avión a la espera de una solución que casi tres cuartos de hora después no se había encontrado. En consecuencia, a las 21:45 horas los reyes y el resto de la delegación que les acompaña permanecen en el interior del aparato sin poder descender del mismo. A pie de pista les esperan el ministro de Asuntos Exteriores español, José Borrell (quien había viajado previamente a Buenos Aires para protagonizar diversos actos) y su homólogo argentino, Jorge Faurie. También están presentes, entre otros, el embajador español en Buenos Aires, Javier Sandomingo, y el de Argentina en Madrid, Ramón Puerta. Habitualmente los aviones de grandes dimensiones aterrizan en el aeropuerto de Ezeiza, y en el aeroparque operan otros más pequeños.
  9. Pasear por los 36.000 metros cuadrados del colegio «Estudio» (6.700 de ellos de instalaciones deportivas) supone comprobar cómo se produce una especial conexión hacia el exterior, hacia el entorno natural, ya que los alumnos disfrutan de amplias zonas de recreo y huertos escolares. Una etapa muy importante en el desarrollo desde Educación Infantil, como destacan desde el centro: «La curiosidad, en las primeras etapas, lleva al niño a la exploración del entorno, a modificarlo y construirlo para elaborar su propio mundo. Por ello, los espacios escolares deben facilitar dicha exploración en la que el alumno sea el protagonista de su aprendizaje, en un amplio entorno de sosiego y lugares de encuentro» Esta labor educativa parte de la Institución Libre de la Enseñanza y, en concreto, del Instituto Escuela (se acaba de celebrar su centenario), origen de un colegio que en 2020 cumplirá 80 años como tal. Muchos años, ideas claras y sentido común coinciden en un trabajo colectivo que ha situado a este centro como una referencia en el sistema educativo español por su forma de hacer las cosas. «La emoción en la educación y la importancia de los espacios son tan importantes como lo puramente cognitivo e intelectual —asegura Luis Jerónimo, director del colegio—, así como la atención al movimiento, la confianza, el respeto, todo tipo de aprendizajes activos… Planteamientos de la Institución Libre de la Enseñanza, de finales del siglo XIX, completamente vigentes». El ser una fundación educativa sin ánimo de lucro hace que los responsables del colegio apliquen con mayor tranquilidad el modelo pedagógico del centro, con especial atención, como destaca Jerónimo, a aspectos como el artístico. «Por ejemplo, destacamos el trabajo manual vinculado al arte, como en el caso de la cerámica, con larga tradición en nuestro centro, con trabajos individuales y colectivos. No se pretende que el alumno sea un artista, sino que desarrolle la sensibilidad artística y plástica». En el caso de la actividad física, el director de «Estudio» destaca la importancia de este factor («está demostrado científicamente cómo la psicomotricidad determina el desarrollo cognitivo, tanto en la educación para la salud como en el desarrollo físico e intelectual»), a la vez que subraya cómo se concibe el uso de la tecnología como medio de aprendizaje. «No debemos obsesionarnos con una implementación tecnológica sin más, se necesita una reflexión pedagógica previa». En este sentido, no se considera el uso de «tablets» en Infantil y primeros cursos de Primaria, aunque se tiene muy en cuenta el concepto TPR (Tecnología, Programación, Robótica), con aulas informáticas, fundamentos de programación, etc. La institución también mantiene el espíritu de la Institución Libre de la Enseñanza en los idiomas, como en el caso del inglés. Sin ser centro bilingüe, se procura trabajar con el idioma de forma natural, de una manera transversal en la actividad diaria (cuentan con docentes bilingües), usándolo en la actividad diaria además de las clases académicas (el colegio es uno de los tres centros privados de España con mejor nivel de inglés, según Education First). Otra pieza más a añadir a un modelo de educación de raíces centenarias de plena vigencia en el siglo XXI. La actualización de un edificio singular El director del colegio «Estudio» destaca la reciente renovación del espacio dedicado a Educación Infantil como ejemplo de adaptación a los nuevos tiempos dentro de un concepto arquitectónico muy reconocido, un aspecto fundamental en el proceso de aprendizaje. «La actualización de los espacios diseñados por Fernando Higueras se ha realizado para profundizar en nuestra filosofía de espacios abiertos, muy funcionales, con pasillos amplios, etc., para incidir en la mayor amplitud y funcionalidad de espacios, con clases que, en cualquier momento, se pueden abrir al exterior».
  10. Los expertos en nutrición incluyen al menos 3 grupos de alimentos para realizar un desayuno completo: lácteos, cereales y fruta. En este sentido, la leche y los derivados del cereal son la opción mayoritaria en los hogares (en el 63% de los casos), preferiblemente la toman con cacao y caliente; si bien la fruta es el grupo de alimentos recomendado con menor consumo en casa, dado que lo toman el 15,4 por ciento de los niños. Sin embargo, en el segundo desayuno, en el colegio, sí que aparece la fruta como segunda opción más utilizada y el bocadillo como el más habitual entre los niños y niñas a la hora del recreo (el 70,2% come un bocadillo y/o el 59,1% fruta). «Es llamativo que más de la mitad de los niños y niñas lleven fruta para comer en el recreo. Esto significa un cambio de hábitos muy positivo respecto a generaciones anteriores. El segundo desayuno es una gran oportunidad para realizar un desayuno completo y eleva el número de niños que lo lleva a cabo, mejorando el dato del 11,7 por ciento al 50 por ciento de niños», ha comentado Anna Montanyà, directora del estudio «I Barómetro ColaCao sobre Hábitos de Desayuno Infantil», en el que se han analizado los hábitos y costumbres de casi 2.800 escolares de toda España. Las prisas y el sueño, los enemigos Ahora bien, según el informe, la mitad de los niños no realiza un desayuno completo cada mañana. El motivo principal es la falta de hambre cuando se levantan (48,5%), seguido por las prisas de las mañanas antes de ir al colegio (23,7%). «Los ritmos de la vida actual, con la diversidad de horarios entre los diferentes miembros del hogar, entre otros factores, han hecho evolucionar la concepción del desayuno», dijo el presidente emérito del Observatorio de la Alimentación (ODELA), Jesús Contreras. Siempre ha habido una ingesta intercalada entre el desayuno y el almuerzo, explica Contreras, pero esta segunda ingesta tiene ahora más importancia que en otras épocas porque la primera actualmente en día es más ligera por la falta de tiempo y/o de apetito. En este punto, el barómetro ha evidenciado que, aunque el desayuno suele formar parte de la rutina de las mañanas, el 10 por ciento de los niños y niñas no desayunan nada antes de ir al colegio. «El desayuno es un ingesta muy importante puesto que es la primera que se hace en el día después de varias horas de no comer», ha dicho el experto. Puede influir en el rendimiento escolar En España, de los niños que desayunan siempre, un 49 por ciento tienen un elevado rendimiento escolar a juicio de sus padres. En los niños que solo «a veces» desayunan en casa, ese porcentaje baja al 35 por ciento y en los que nunca desayunan en casa, la cifra se reduce al 22 por ciento. «Muchos padres y madres se apoyan del desayuno en el colegio para completar la alimentación de sus hijos, ya sea ofreciéndoles un bocadillo y/o una pieza de fruta»,destacó la directora del Colegio Sant Feliu de Cabrera de Mar, María Josep Fernández. «Prácticamente la totalidad de los niños traen segundo desayuno. Hacen un pequeño desayuno en casa, con un lácteo y una tostada con pan o algún cereal, y luego en el colegio lo acaban de complementar. Los niños y niñas acostumbran a traer frutas, bocadillos y algún 'tupper' con frutos secos. El colegio aconseja traer opciones saludables. Pienso que ha habido una evolución positiva en este aspecto. Las familias están muy concienciadas del papel que juega el desayuno y de escoger buenos alimentos para sus hijos», ha dicho Fernández. El segundo desayuno tiene lugar en el recreo. «Los alumnos disponen de media hora. Los más pequeños comen en el aula, pero los mayores comen en el mismo patio. Es un momento lúdico para ellos. Desayunan y juegan, aunque también los hay que se sientan para desayunar», ha explicado la directora. Finalmente, tal y como ha detallado, al igual que el primer desayuno, el segundo es un momento que sociabilizan, comparten experiencias, y además les aporta energía para acabar la mañana, y a estar más receptivos y pendientes de lo que se hace en el aula.